sábado, 26 de abril de 2014

TAL DIA COMO HOY EN...

121- Nace en Roma Marco Aurelio Antonino, filósofo estoico y emperador de Roma en el año 161. Durante su reinado librará guerras defensivas en las fronteras del norte y del este del Imperio. Aunque se sentirá preocupado por el bienestar público, llegando a vender sus posesiones personales para mitigar los efectos del hambre y la peste en el Imperio, sin embargo perseguirá a los cristianos, al considerarlos una amenaza para el sistema. En el año 176 regresará a la frontera norte, donde esperará poder extender los límites del Imperio hasta el río Vístula. Poco antes de comenzar la invasión, morirá enfermo de peste, en Vindobona (actual Viena) el 17 de marzo del 180. Su hijo y sucesor, Cómodo,
abandonará su plan. 



1238- En España se produce una revuelta contra Abd Allah Zannun tras la cual Málaga pasa a soberanía nazarí. 










1731- Fallece en Londres, Daniel Defoe, poeta y escritor británico, creador de "Robinson Crusoe", obra publicada en 1719 que está basada en parte de la vida del marino Alexander Selkirk.






 


1564-  En Stratford-upon-Avon, Reino Unido, se bautiza a William Shakespeare, que será gran poeta y autor teatral inglés, considerado uno de los mejores dramaturgos de la literatura universal. De su pluma saldrán obras inolvidables como "Romeo y Julieta", "Hamlet", "Macbeth", "El Rey Lear" y muchas otras.







1785-  En Les Cayes, Haití, nace John James Audubon, de padre francés y madre haitiana, que será famoso ornitólogo, naturalista y pintor conocido por su bellos dibujos de aves.







1937- A las cuatro y media de la tarde, en el pueblo de Guernica, España, que cuenta con unos 5.000 habitantes más un gran número de soldados que se retiran para preparar la defensa de Bilbao, además de refugiados que huyen del avance de las tropas franquistas, aviones pertenecientes a la "Legión Cóndor" alemana y a la "Savoia" italiana, bombardean y ametrallan la población. La ciudad entera arde. El 70 % de los edificios resultan destruidos y un número indeterminado de muertos, entre 800 y 1.600. Este bombardeo indiscriminado es una ensayo para la guerra y convertirá a esta ciudad en un símbolo. El nombre clave de este raid es Operación Rügen.
El Guernica de Picasso. Pintado entre Mayo y Junio de 1937


viernes, 25 de abril de 2014

EN BUSCA DE CERVANTES







En este año de 2014 el ayuntamiento de Madrid inicia el proceso de la búsqueda de los restos óseos de Miguel de Cervantes. Esta localización y comprobación de identidad del escritor costará unos 100.000 euros, y no se van a emplear técnicas de identificación por ADN puesto que son muy costosas y largas y es más que probable que en este caso concreto podrían no dar el resultado esperado debido a que no hay nadie con quien compararlo, ya que el procedimiento científico más seguro, el del ADN mitocondríaco, solo se puede llevar a cabo con descendientes femeninas, y, Cervantes tuvo un hijo que murió sin descendencia y  su hija Isabel dio a luz a una niña que murió.
Además el escritor tuvo hermanas que no tuvieron descendencia. Quien sí tuvo descendencia fue su hermano Rodrigo y de hecho, se sabe que la estirpe ha llegado hasta hoy en día y que viven en Madrid pero, después de 400 años, el ADN está muy mezclado y solo resultaría viable el análisis mitocondríaco, que como hemos indicado anteriormente sole puede puede hacerse con mujeres.
A partir del próximo lunes 28 de Abril, tres expertos se pondrán manos a la obra para buscar en el Convento de las Trinitarias Descalzas, en el barrio de Las Letras, lo que quede del padre de la novela moderna.
Cervantes cuando murió era un hombre de 70 años años, con artrosis de espalda, atrofia severa de la mano izquierda y heridas en el pecho por impactos de arcabuz.
El investigador Luis Avial comenzará la primera fase y usará un georradar, que emite ondas electromagnéticas y detecta cambios en las propiedades de los materiales del subsuelo, con este aparato creará  una imagen de las cavidades de la iglesia y de los muros y radiografiara los restos que se encuentren allí; además se empleará una cámara termográfica

La segunda fase, dirigida por el antropólogo forense Francisco Etxeberría, llevará a cabo  las excavaciones arqueológicas necesarias.
El resultado obtenido permitirá avanzar en la siguiente fase, es decir, la del análisis de los restos y constatación histórica, de la mano del historiador Fernando Prado. En esta última colaborarán la Universidad del País Vasco y la Complutense de Madrid. 
Las modernas técnicas podrían incluso facilitar una reconstrucción facial de Cervantes, enterrado en abril de 1616.


miércoles, 23 de abril de 2014

GLOBOS AEROSTÁTICOS






El globo aerostático es una aeronave no propulsada que utiliza el principio de Arquímedes para volar. Dado que no tienen ningún tipo de propulsor, estos globos aerostáticos se dejan llevar por las corrientes de aire, aunque sí hay algunos tipos que pueden controlar su elevación. Están  compuestos por una bolsa que encierra una masa de un gas más ligero que el aire y en la parte inferior de esta bolsa suele ir una estructura sólida denominada barquilla.
Según el tipo de bolsa pueden clasificarse en abiertos o cerrados, rígidos o elásticos, con o sin calentamiento.
Existen globos utilizados para viajar que tienen una cesta suspendida que permite transportar de una a varias personas. Estos se utilizan para el turismo o el deporte,
Incluso, algunos globos fueron utilizados durante la I Guerra Mundial para observaciones militares.

Hay otro tipo de globos, que no son tripulados, que sirven para medir varios fenómenos físicos, y en las investigaciones meteorológicas suelen emplearse tres tipos de globos.

El globo de caucho o neopreno se usa para sondeos verticales, bien llevando una radiosonda que trasmite información meteorológica o como globo piloto, de pequeñas dimensiones, que se sueltan para conocer la velocidad y la dirección del viento. El globo, inflado con un gas con fuerza ascensional (hidrógeno, helio, amoníaco o metano) se estira a medida que se enrarece el aire. Cuando el diámetro del globo ha aumentado entre tres y seis veces (es decir, cuando su volumen es entre 30 y 200 veces superior al original), la bolsa se rompe y el globo se destruye.


Jacques Charles
Observar la tierra desde el aire era, hasta 1783, privilegio de las aves. Dicho privilegio fue compartido con el hombre cuando su sueño de volar al fin se vio realizado a finales del siglo XVIII en Francia. El 1 de diciembre de 1783 se congregó en torno al jardín de las Tullerías una de las mayores aglomeraciones humanas de la historia de París, se dice que  la multitud allí reunida llegó a 400.000 personas.
 Todas querían asistir a un espectáculo que nadie habría imaginado pocos años antes: el de dos hombres que se disponían a elevarse hasta los cielos a bordo de un enorme globo de aire. Desde hacía días, en la ciudad no se hablaba de otra cosa y la prensa se había hecho amplio eco del acontecimiento. Los espectadores ocupaban los muelles y los puentes, las ventanas y los tejados de las casas, los campos y hasta las poblaciones aledañas. La simple vista del globo antes de su despegue causaba asombro. De color rosa y amarillo, medía más de nueve metros de altura y estaba envuelto completamente por una red de malla cuadrada. En el extremo inferior se había colocado una barquilla de mimbre donde irían los «pilotos»: el profesor Jacques Charles y su ayudante Nicolas-Louis Robert.
 Nicolas-Louis Robert

Uno de los testigos del evento fue el político estadounidense Benjamin Franklin, el inventor del pararrayos, que se hallaba en París como embajador de Estados Unidos. De esta experiencia escribió en una carta a un amigo: «Entre la una y las dos de la tarde la gente miraba satisfecha al ver elevarse el globo entre los árboles y ascender gradualmente por encima de los edificios, un espectáculo de lo más maravilloso. Cuando los valientes aventureros alcanzaron unos 60 metros de altura extendieron los brazos y agitaron sendos banderines blancos a ambos lados para saludar a los espectadores, que respondieron con fuertes aplausos. El objeto se movió en dirección norte, pero como soplaba muy poco viento, continuó a la vista durante un buen rato; y transcurrió mucho tiempo hasta que los asombrados espectadores se comenzaron a dispersar».


La ascensión de Charles y Robert culminaba lo que fue un año mágico en la pugna del hombre por conquistar el aire. El primer «navegador aerostático», como se empezó a llamar a los globos, fue invención de los hermanos Joseph y Étienne Montgolfier, los inquietos hijos de un rico fabricante de papel de Annonay, una localidad al sur de Lyon.

Como todo descubrimiento o desarrollo de la inventiva humana, éste también tuvo sus precedentes.

Henry Cavendish


En 1766, el científico británico Henry Cavendish llenó con hidrógeno una vejiga animal. Cavendish consideraba al hidrógeno como una especie de "aire ficticio" (o "artificial") y descubrió que la vejiga pesaba menos, pero sólo consideró esto como un fenómeno físico y no imaginó siquiera sus posibles aplicaciones aeronáuticas.
Durante los siguientes diecisiete años nadie pensó en usar globos de hidrógeno para elevarse por los aires, pero los hermanos franceses Jacques Etienne y Joseph Michel Montgolfier crearon, en 1793, el globo aerostático, siendo los pioneros en hacer la primera aplicación práctica de la flotabilidad de un globo, en su caso usando aire caliente. Sin embargo, el primer ser humano en subirse a un globo fue el físico francés Jean Francois Pilatre de Rozier,
quien lo hizo junto al marqués de Arlandes el 21 de noviembre del mismo 1783. Pilatre realizó algunos vuelos cerca de París, primero en un globo cautivo y después en otro libre.

Se  cuenta que Joseph Montgolfier, el mayor de los hermanos, estaba una noche de 1782 contemplando el fuego de su chimenea cuando se fijó en el humo que ascendía. Según prosigue la historia, Joseph pidió un pedazo de seda al ama de llaves y le dio la forma de una bolsa abierta por abajo. Luego, sosteniendo la bolsa sobre el fuego, la dejó llenarse de aire caliente y humo. Al soltarla, se elevó hacia el techo.
Siguieron experimentando con este fenómeno usando globos cada vez más grandes. Al cabo de seis meses, empleando una hoguera al aire libre como fuente de calor, habían lanzado un globo que subió más de kilómetro y medio, hazaña de la cual fueron testigos muchos espectadores.

A oídos del rey Luis XVI llegó la fama de los experimentos de los hermanos Montgolfier y su majestad ordenó que se celebrara una función regia en Versalles, para la cual los hermanos construyeron un globo muy decorado y como atracción adicional decidieron averiguar si en las capas superiores del aire podría sobrevivir la vida animal. El 19 de septiembre de 1783, en un cesto cilíndrico suspendido del globo, se elevaron en Versalles, una oveja, un pato y un gallo. El vuelo duró ocho minutos y recorrió 2.400 metros. Al aterrizar, los animales no mostraron efecto nocivo alguno, por lo que los hermanos Montgolfier se dedicaron inmediatamente a construir un globo capaz de transportar a un hombre.

El 21 de noviembre, el científico Pilâtre de Rozier y el marqués de Arlandes se convirtieron en los primeros aeronautas de la historia. Ambos iban en una galería que rodeaba el cuello del globo, un Montgolfier, desde la que alimentaban con paja el brasero que ardía en el centro del aerostato. La majestuosa cúpula azul y dorada se elevó desde un jardín al oeste de París y sobrevoló la ciudad durante unos 25 minutos. La aeronave describió una serie de lentos descensos en picado y se acercó peligrosamente a los tejados de algunas casas. Muchos testigos dijeron más tarde que podían oír a los dos hombres gritarse emocionadamente el uno al otro cuando pasaban por encima de sus cabezas.
 El globo recorrió unos nueve kilómetros y aterrizó al sur de París, donde los aeronautas fueron aclamados como héroes.
El vuelo de Charles y  Robert de 1873 puede ser considerado como el primer vuelo realmente tripulado; mientras el globo de aire de los Montgolfier, de enormes dimensiones, resultaba prácticamente incontrolable, Charles y Robert aplicaron un sistema de regulación de la altitud mediante bolsas de arena a modo de lastre que iban lanzando por la borda.
Jacques Charles dejó un relato de su experiencia: «Nada podrá igualar aquel momento de hilaridad total que me invadió el cuerpo en el momento de despegar. Me sentí como si estuviera volando lejos de la Tierra y de todos sus problemas para siempre. No fue simple deleite. Fue una especie de éxtasis físico». Su compañero Robert le susurró mientras volaban: «He terminado con la Tierra. Desde ahora, para mí sólo existe el cielo. Una calma tan total. Tal inmensidad…».

Recorrieron unos 43 kilómetros y tomaron tierra en Nesles-la-Vallée, al norte de París, en unas tierras de labranza. Robert descendió de la canasta, pero el intrépido Charles se elevó de nuevo en solitario hasta alcanzar los 3.000 metros de altura, desde donde pudo contemplar la puesta de sol por segunda vez en un mismo día, en medio de un intenso frío y en abrumadora soledad.
La «globomanía» se desencadenó por toda Francia. La imagen de los aerostatos y los pilotos aparecía hasta en las vajillas. En París se vendían globos a escala reducida, con el gas incluido, para aquellos que quisieran realizar sus propios experimentos. Los demás países se contagiaron de la fiebre. En el mes de junio, la población madrileña de Aranjuez fue el escenario de la primera experiencia con un globo tripulado en España, a cargo del artista francés Charles Bouche, que casi acabó en tragedia al incendiarse la envoltura del globo. Siguieron Escocia, Inglaterra, Italia… Hasta finales de 1784 se hicieron 181 ascensos tripulados en toda Europa. Luego, la moda de los globos decayó, a causa de los accidentes mortales que empezaron a producirse, pero, sobre todo, por su dudosa utilidad práctica.

ACUPUNTURA









Del latín acus: aguja , y pungere: punción, la acupuntura es una técnica milenaria de la medicina tradicional china, y forma parte de las llamadas medicinas alternativas.

Consiste en la inserción y la manipulación de agujas en el cuerpo con el objetivo de restaurar la salud y el bienestar en el paciente.

En los últimos años se ha intentado demostrar su base científica y su capacidad de influir positivamente en el alivio del dolor y en las funciones sensitivas y motoras.

Se usan las agujas muy delgadas para estimular puntos específicos en el cuerpo que quedan en sendas de energía llamadas meridianos. Se diseñan los tratamientos de acupuntura para mejorar el flujo y equilibrio de energía a lo largo de estos meridianos.

La medicina china tradicional que existe desde hace por lo menos 2,500 años, considera el cuerpo humano como un sistema de flujos de energía, y cuando estos flujos son equilibrados el cuerpo está saludable.

Los practicantes de esta técnica  toman el pulso a sus pacientes y examinan su lengua para diagnosticar desequilibrios de energía. La medicina china toma  los pulsos en tres posiciones en cada muñeca y a tres profundidades en cada posición; nunca la medicina china hablará sobre los desequilibrios de energía, oiremos frases como "la deficiencia del yin" o "la subida de calor del hígado." Las palabras chinas "yin" y "yang" se refieren a energías complementarias que deben estar en equilibrio, y "Qi" puede traducirse más o menos como energía o fuerza de vida.

Los ensayos sobre la acupuntura demuestran su eficacia en algunos tipos de dolor y náuseas, y  algunos estudios demuestran que la acupuntura es capaz de alterar la química del cerebro, influyendo en la liberación de neurotransmisores y hormonas, modificando las funciones del sistema nervioso relacionadas con mecanismos involuntarios del organismo como el flujo sanguíneo, la presión arterial o las reacciones inmunológicas.

domingo, 20 de abril de 2014

10 METEDURAS DE PATA

1.    El rey mago que no llegó: Una leyenda oriental cuenta que los Reyes Magos no fueron tres, sino cuatro; y a los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar habría que sumar el de Artabán. ¿Y por qué casi nadie ha oído hablar de él? Pues porque nunca llegó al Portal de Belén. Era tan torpe que, por el camino, dejó que lo embaucaran para solucionar diversos pleitos. Los otros tres soberanos se cansaron de esperarlo en el punto que habían acordado para reunirse, y decidieron continuar el camino sin él, siguiendo el rastro de la Estrella de Belén. El pobre Artabán perdió así su oportunidad de tomar “el tren” que lo habría hecho entrar en la historia... o en la leyenda.

2.    ¿Insensible o distraído? Tal es el caso de George Atwood, un matemático que no sólo pasó a la historia por sus investigaciones, sino por un desafortunado desatino. Se cuenta que estaba tan absorto en un trabajo que, cuando vinieron a comunicarle que su esposa había fallecido en un accidente respondió: “Está bien pero que espere a que termine con esto”.

3.    Un inglés alabando a Hitler: Los políticos son los que más caen en estas vergüenzas, como el primer ministro británico, Neville Chamberlain, quien dijo en 1938, tras regresar de su viaje a Berlín para firmar el llamado Pacto de Munich: “Si hubiera más hombres como Hitler, la paz estaría garantizada en Europa”. Y un año después, los nazis invadieron Polonia.

4.    ¿Defensores o terroristas? Parecida sensación de ridículo debió sentir años después Sylvester Stallone –y quizá el gobierno de Estados Unidos que apoyó la rebelión en la vida real- tras los atentados del 9/11 en Nueva York. En 1988, el actor había rodado Rambo III, sobre las aventuras del musculoso héroe luchando contra los soviéticos en Afganistán. Y, hoy en día, nadie se acordaría de aquella mala película si no fuera porque Stallone tuvo la desafortunada ocurrencia de acabarla con una dedicatoria, una voz en off que decía: “A los talibanes, heroicos luchadores por la libertad de su pueblo”.

5.    Espía timado: No hay nada como creerse muy listo para que las meteduras de pata resulten aún más clamorosas. Un ejemplo es la llamada Operación Cicerón, considerada uno de los episodios más ridículos de la historia del espionaje mundial, y en el que todos los personajes involucrados parecieron esforzarse por demostrar que eran más inútiles que el resto.  El protagonista de este vodevil de intriga fue Elyeza Bazna, un albanés que trabajaba como ayudante de cámara de sir Hugh Knatchbull, embajador británico en Ankara, Turquía, durante la Segunda Guerra Mundial. Ambicioso y con pocos escrúpulos, trabajó como espía para la embajada alemana.
Usando el apodo de Cicerón, Bazna les vendía planos de ingenios electrónicos que su jefe guardaba en su caja fuerte. Los alemanes le pagaron muy bien por aquellos planos, pero su contenido les desconcertaba. Lógico. El embajador británico era una especie de inventor chiflado que en su tiempo libre diseñaba circuitos y disparatados modelos de electrodomésticos que nunca funcionaban. Y lo que Bazna les estaba vendiendo a los nazis (sin saberlo) eran justo aquellos planos (años después, Graham Greene se inspiró en este personaje para escribir su novela Nuestro hombre en La Habana).
Como era de esperar, los nazis empezaron a desconfiar del albanés. Y la consecuencia fue que, cuando el traidor les facilitó otros documentos auténticos y muy valiosos –entre ellos, los informes sobre las cumbres de los líderes aliados en Casablanca y Teherán–, los alemanes dudaron de su autenticidad.
Finalmente, los británicos acabaron descubriendo los manejos de Bazna y montaron un operativo para atraparlo. Pero la suerte sonrió una vez más al espía, quien escapó a Brasil llevándose el dinero que le habían pagado previamente los nazis.
En el país sudamericano, el albanés se dedicó a vivir como un rey, pero la historia tampoco tuvo final feliz para él. Al cabo de un mes, la policía se presentó en su domicilio con una orden de arresto por fraude. Y es que, haciendo bueno el célebre dicho “Roma no paga traidores”, los alemanes habían remunerado los servicios del espía con dinero falso.

6.     Justicia poética: Otro personaje que también se creía muy listo pero que, como Bazna, acabó siendo víctima, fue John Coffee, un constructor irlandés al que, en 1873, las autoridades contrataron para edificar una prisión en Dundalk. Coffee finalizó las obras en el plazo acordado, pero al revisar las cuentas, los funcionarios gubernamentales descubrieron que el empresario había falsificado todas las partidas para cobrarles mucho más dinero. El truhán fue condenado por estafa y, cosas de la vida, cumplió su condena en el mismo penal que él había construido.

7.    El café te mata: Ni siquiera algunos reyes, portadores de la dignidad más majestuosa, se libran de inscribir su nombre en los anales de la historia de la estupidez humana. Es el caso de Gustavo III de Suecia, un monarca que detestaba el café hasta el punto de creer que se trataba de una bebida letal y que su consumo prolongado podía causar la muerte.  Para demostrarlo, se le ocurrió una idea absurda. Condenó a un reo de asesinato a ser ejecutado lentamente, bebiendo 12 tazas de café diarias, mientras un grupo de médicos iba comprobando su progresivo deterioro físico. Pero el soberano nunca vio el desenlace del experimento, ya que murió casi 10 años después, en 1792, asesinado por un disidente que se llamaba Anckarstróm. Y en los años sucesivos fueron muriendo uno a uno los médicos que el rey había designado.  De hecho, al final el único que quedó vivo fue el reo, quien acabó siendo indultado y murió mucho tiempo después, por causas perfectamente naturales. Aunque eso sí, nunca dejó de tomarse sus tacitas diarias de café.

8.    Rey sin trono: Tampoco tiene desperdicio el caso de Menelik II, emperador de Abisinia. En 1887, un empleado de Thomas Alva Edison llamado Harold P. Brown inventó la silla eléctrica, y en 1890 se ejecutó con ella al primer reo: William Kleiner.  La noticia dio la vuelta al mundo, y al enterarse, el emperador abisinio hizo las gestiones para comprar una de esas sillas que, creía, sería un símbolo de su gran poder. Pero Menelik no tuvo en cuenta un detalle esencial. La silla letal sólo funcionaba con electricidad, un adelanto que por aquel entonces todavía no había llegado al país africano. Evidentemente, el rey no pudo achicharrar a ningún reo con aquella silla, pero, tratando de buscarle alguna utilidad, no se le ocurrió mejor idea que utilizarla como trono durante algún tiempo.

9.    Cortos de vista: La historia está repleta de habladores y profetas de pacotilla que, por su ceguera, rechazaron adelantos e inventos que estaban llamados a cambiar el mundo. Es el caso de Rutherford Richard Hayes, uno de los directivos de la compañía de telégrafos Western Union, que en 1876, cuando Graham Bell quiso venderle la patente de su nuevo invento, el teléfono, le respondió con una carta que decía: “Su invento parece interesante, señor Bell, pero sinceramente no acabo de verle su posible utilidad práctica”. Y los ejemplos de visionarios similares abundan en todos los campos. El físico estadounidense Lee DeForest sentenció en 1957: “El hombre  nunca pisará la Luna, al margen de los posibles adelantos científicos”. Solamente 12 años después, Neil Armstrong se paseaba en el satélite.  Igualmente, el padre del cine, Louis Lumiére, sentenció que su gran invento no pasaba de ser una curiosidad científica y que no le veía “ninguna posibilidad de ser explotado comercialmente”.

10. Científico prejuicioso: Peor fue lo de Theodor von Bischoff, un fisiólogo alemán y experto en anatomía de la Universidad de Heidelberg que, a finales del siglo XIX, estudió la diferencia entre los cerebros del hombre y de la mujer. Terminadas sus investigaciones, llegó a la conclusión de que el cerebro masculino pesaba una media de 1,350 g, mientras que el femenino sólo llegaba a los 1,250 g. El investigador se basó en esa diferencia de peso para afirmar la superioridad intelectual del varón sobre la mujer. Conviene señalar que es cierto que los cerebros masculinos suelen pesar más que los femeninos, aunque ese hecho no tiene ninguna relación con la capacidad intelectual de las personas. Pero Von Bischoff no lo creía así, y defendió su tesis machista hasta el final de su vida. La lástima es que, tras su muerte, uno de sus discípulos pesó el cerebro del científico. ¿Y adivinas cuál fue el resultado? 1,245 g. Menos mal que el pobre Von Bischoff ya no estaba vivo para afrontar semejante ridículo.